La fuerza de la costumbre VS los nuevos espacios de trabajo
Recientemente hemos visto publicada una noticia en la que se difundía un comunicado que daba voz a los trabajadores de una compañía y donde se quejaban porque van a tener que abandonar la sede donde trabajan para ir a un coworking.
En el texto se habla de cómo el cambio se traduce en el deterioro de su imagen. También, sobre el inconveniente de compartir áreas como baños, pasillos o servicio de limpieza con individuos de otras entidades.
Las personas somos animales de costumbres. Es comprensible que alguien que lleva cuatro décadas ocupando una misma oficina muestre reticencia al cambio, sin embargo, los tiempos cambian, las formas de trabajar y los espacios de trabajo también lo han hecho.
La carrera de fondo del coworking hasta la excelencia
El camino que han recorrido los centros de coworking en España (no solo los espacios, sino también el término, que ha evolucionado hasta el presente acorde a los tiempos, los acontecimientos y la irrupción de empresas en el sector que crearon nuevos paradigmas) ha sido una carrera de fondo hasta enarbolar la bandera de la innovación, la excelencia en el servicio y un diseño cuidado y adaptado a los más altos estándares.
Afirmar que instalarse en un coworking deteriora la imagen de una compañía solo puede deberse a un profundo desconocimiento del sector. El hecho de que empresas cotizadas como Merlin o Colonial hayan incluido los espacios de oficina flexible en la oferta de su portfolio (mediante las firmas Loom y Utopicus respectivamente) o que operadores nacionales como Networkia, Monday o Aticco, por mencionar a alguno de ellos, estén ampliando metros cuadrados continuamente tiene una lectura muy clara: las cosas se están haciendo bien, y el sector genera y atrae una demanda cada vez mayor.
Por esta razón vemos corporaciones de la talla de Coca-Cola, Salesforce o Accenture, por poner algunos ejemplos, optar por centros de coworking en lugar de quedarse ancladas en el rígido modelo de la oficina tradicional.
Es natural avanzar hacia una optimización del uso del espacio, el poder disponer de unas instalaciones con la capacidad de adaptarse al flujo de trabajadores, ahora que los modelos híbridos se han convertido en la norma y la presencialidad no es más que una quimera que algunas empresas se empeñan en imponer con poco éxito (salvando algunos sectores como la hostelería).
El abanico de espacios de oficina flexible, además, es tan amplio que cualquier empresa puede encontrar algo conforme a sus necesidades, requerimientos y aspiraciones.
Mirar hacia delante o instalarse en la obsolescencia
El compartir ciertas áreas comunes, igual que se comparten en una oficina con los compañeros de la propia compañía, con personal de otras empresas lo que permite es reducir los costes, generar nuevas interacciones y asegurarles a los usuarios que se encuentran trabajando en un entorno conforme a las últimas tendencias de diseño, ergonomía y bienestar.
Como decíamos al principio, los tiempos cambian, al igual que la manera de trabajar y los espacios profesionales, y quien no quiera abrirse a ello, se quedará obsoleto en un presente dinámico, cambiante y fugaz que no hace más que mirar hacia delante.